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Muestra mucho amor aquel al que mucho se le ha perdonado

1ª carta de san Pablo a Timoteo 4, 12-16
San Juan 7, 36-50


Lucas ha sabido rodear la por lo común tensa polémica entre los que se creen justos y los pecadores de una atmósfera cordial. Ya el gesto de amor y arrepentimiento de la pecadora está lleno de una ternura especial. Y cuando el fariseo no sólo juzga a la pecadora sino que, además, pone en duda la cualidad profética de su huésped por dejarse tocar por una mujer así, Jesús se dirige a él sin dureza, sino con un tono que rezuma amistad. Se percibe en el diálogo una familiaridad no improvisada. Con sentido pedagógico (con suerte de socrática mayéutica) Jesús hace ver alfariseo Simón que, si arendiera a sus propios criterios, tampoco él condenaría a la mujer. Jesús traduce los gestos de la mujer al lenguaje de la hospitalidad hebrea: es ella, más que el anfitión, la que ha acogido de corazón al maestro.

Nadie es justo o pecador por definición. Nos hacemos justos o pecadores a tenor de nuestras acciones. Es la consecuencia de nuestra condición moral(el "ethos" no es sino una segunda naturaleza adquirida a lo largo de nuestra biografia). Pero, dada nuestra debilidad, ni siquiera el esfuerzo moral es suficiente para hacerse justo, esto es, para justificarse. En realidad, el primer paso para la verdadera justificación es el reconocimiento de los propios pecados, algo que encontramos en la mujer y, al menos de momento, no en Simón. Es precisamente el perdón incondicional que procede de Dios y que se manifiesta plenamente en Jesús el que obra el milagro de un corazón nuevo, que no se limita a cumplir una ley abstracta, sino que muestra mucho amor. La comparación del prestamista propuesta por Jesús a Simón nos hace comprender que no es que la mujer sea perdonada por manifestar mucho amor, sino que manifiesta mucho amor porque mucho se le ha perdonado. El amor no es condición, sino consecuencia del perdón incondicional.

Llama la atención que tanto el Evangelio como la segunda lectura (de una temática en apariencia tan distinta) terminan en paralelo, aludiendo a la salvación: "Tu fe te ha salvado", le dice Jesús a la mujer perdonada; "si lo haces, te salvarás" concluyen las recomendaciones a Timoteo. Jesús habla de una salvación consumada. En la primera lectura aparece bajo un condicional. En realidad, se puede entender que las recomendaciones a Timoteo para el buen gobierno de la comunidad que le ha sido confiada. El signo de una acogida verdadera de Cristo es, para todas las vocaciones cristianas, la disposición al servicio, la entrega generosa a los hermanos. La salvación (justificación) de cada uno está ligada a la salvación de todos: "te salvarás a ti y a los que te escuchan".

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