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Un año más y llamado por el puntual martillo de la nostalgia arrié la parihuela de las convicciones trianeras profundas, herencia irrenunciable recibida de los abuelos de Triana que convivían en armonía en los corrales de vecinos. Aquellos patios donde los bienes privativos escaseaban frente a los comunes. Unos patios que vivían en hermandad, donde todo se sabía e incluso se conocían los más íntimos secretos del corazón. Las charlas y las tertulias amortiguaban el fuerte calor del verano.

El calendario de la Sevilla sabia señalaba con letras grandes es Miércoles Santo. Mis pasos de nuevo siguieron la misma estela que los abuelos y abuelas de Triana que cruzando un puente entre barcas traspasaban las entrañas del Río para llegar al otro gran sueño de Sevilla. Sus pasos terminaban cada mañana en un barrio torero, confortable, caluroso, acogedor, íntimo, profundo, entrañable y ciertamente misterioso. San Bernardo llegó con el tiempo a convertirse en la prolongación de Triana en el corazón de muchos hombres que se dejaron el alma en su otro Barrio para alimentar a esos niños que cada tarde salían al patio impregnado de aromas de romero y de jazmín para recibir a sus cansados padres. El puchero de una esposa o el caldo de una madre eran el mejor remedio para revitalizar los cuerpos rendidos al trabajo cotidiano.

El hermoso paralelismo existente entre Triana y San Bernardo terminó con la unión para toda la vida de muchos de sus hijos.

Los hijos anhelantes de San Bernardo cumpliendo la promesa eterna escrita de puño y letra con tinta del color de la sangre que fluye de los corazones que laten sin cesar amando al barrio sevillano que pone los pies a la Giralda volvieron a sus orígenes, a la emoción del reencuentro, al comedor de las abuelas donde les esperaba la túnica de su Hermandad o el costal que acariciaría la trabajadera entrañable portadora de un Crucificado o del dolor inconsolable de una Madre.

En apenas unas horas el Cielo se tornó color tinieblas, las malintencionadas nubes tomaron parte en un banquete al que no fueron invitadas. Era una tarde para soñar con el Sol radiante que hizo merecer a tan señalada sobremesa como la tarde más hermosa y luminosa de Sevilla. El sueño se desvaneció, la firmeza de los pasos que nos acercaron al sueño se volvió pesadumbre. En el horizonte no existía el más mínimo atisbo a la esperanza. Este año el Cristo de la Salud y la Virgen del Refugio se acordaron de sus otros hijos costaleros que horas antes del amanecer abandonan sus hogares, sin a penas tiempo para despedirse de sus esposas y niños para iniciar la durísima chicotá de sus cosechas. El Cristo de la Salud y su dulce Madre nos recordaron que están todo un año para nosotros. Su amor no es exclusivo de una fecha, es un amor duradero, un amor que como fruto ha de madurar para hacerse gustoso y apetecible.

De regreso al Viejo Arrabal de mi pasión pude recordar las grandes tardes del Sol y el baño de recuerdos y sentimientos en torno a un dulce Crucificado entre claveles salpicados de lirios y la hermosísima Virgen del Refugio bajo un palio que conjuga a la perfección las excelencias de dos metales preciosos que en armonía con el Sol de la Primavera de Sevilla dan lugar a la aleación perfecta.

Para llenar en cierta medida el vacío de la tarde y la añoranza de la noche de sueños y recuerdos de San Bernardo y la inminente marcha de sus hijos que reinician el pedregoso camino de la ausencia recuerdo la letra de un delicioso tango que me viene a la mente cada Miércoles Santo, y que dice:

Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos,
van marcando mi retorno...


Son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos, hondas horas de dolor.


Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.


La quieta calle donde el eco dijo:
Tuya es su vida, tuyo es su querer,


bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver...

Volver, con la frente marchita,
las nieves del tiempo platearon mi sien...


Sentir... que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,


que febril la mirada errante
en la sombras te busca y te nombra.


Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez...

Tengo miedo del encuentro con el pasado
que vuelve a enfrentarse con mi vida...


Tengo miedo de las noches que,
pobladas de recuerdos, encadenan mi soñar...


Pero el viajero que huye tarde
o temprano detiene su andar...


Y aunque el olvido, que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,


guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón.

Vivir... con el alma aferrada a un dulce recuerdo
que lloro otra vez...



Por último de un pequeño mueble del salón de mi casa recupero un viejo disco de El Arahal para escuchar tres entrañables composiciones que durante años acompañaron el morir de un venerado Crucificado: Salud de San Bernardo, Puente de San Bernardo y Pasa la Virgen del Refugio. Me quedo sólo ante la oscuridad de mi cuarto e inicio el camino que me llevará de nuevo a la deseada meta de las añoranzas y de los encuentros. Sólo me queda soñar con un nuevo Miércoles Santo, con un Puente bañado de Sol, con el despertar de un Barrio que vuelve a sus orígenes y con mi Cristo de la Salud y la Reina de San Bernardo.



A los hijos de San Bernardo que retornan a su Barrio cada Miércoles Santo y a los que iniciaron el más hermoso viaje que les llevó al otro Puente junto a su Cristo de la Salud y a su Bendita Madre del Refugio. Para ellos siempre existirá un soleado Miércoles Santo.

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Comentado por Jordi de Triana -FUNDACEC- en febrero 28, 2009 a 4:00pm
Gracias Azahar de San Gonzalo. Dios nos regaló un corazón grande, en él tenemos un lugar para cada Barrio, para cada hermandad y para cada sentimiento.


Gracias.
Comentado por Azahar de San Gonzalo en febrero 28, 2009 a 3:58pm
Jordi me han encantado tus palabras a este barrio tan torero y a su querida hermandad de San Bernardo. Precioso como lo has descrito (como siempre). El comienzo me ha encantado. Por eso te digo que ole tú. Ya estoy deseando que cuelgues otro para leerte. Un saludo amigo desde este rinconcito de Triana.
Comentado por Jordi de Triana -FUNDACEC- en febrero 28, 2009 a 3:54pm
Amigo Nazareno la noche de Miércoles Santo en San Bernardo se inicia con la salida de la Cruz de Guía el final lo ponemos nosotros con nuestros sentimientos y el latir de nuestros corazones.
Comentado por Jordi de Triana -FUNDACEC- en febrero 28, 2009 a 3:52pm
Necesité un Miércoles Santo en San Bernardo, el diálogo de sus gentes, los abrazos una mirada al Cristo de la Salud y la lejanía del manto de la Virgen del Refugio para quedar prendado a tal maravilla.
Comentado por JOAKIM en febrero 28, 2009 a 2:32pm
Jordi ¡¡ me has vuelto a emocionar, porque esa fue mi niñez, en mi viejo arrabal de San Bernardo, tantas vivencias..me has recordado !! Sabes hermano Jordi, está página hara grandes cosas, porque habeis grandes pensadores espirituales humanistas, que no solo escribis sobre Semana Santa sino que llegais a las raices del pueblo....estos blogs, no se pueden quedar aki, tienen que salir fuera a la Luz ¡¡ Jordi yo amo a Sevilla entera con sus tres barrios emblematicos, La Macarena, Triana y San Bernardo..Un abrzo amigo
Comentado por N.C.S.- DonaldPress-Ángel León en febrero 28, 2009 a 1:50pm

Muy bonito amigo Jordi, te agradeceré a ti y a todos los amigos COFRADES, visiteis mi nueva entrada espero os guste. Un abrazo amigos.
Comentado por Manuel García Castrillo en febrero 28, 2009 a 1:44pm
Gracias por hacernos añorar, no solo un Miércoles Santo de Sol y Calor como los de antes, sino por hacernos recordar a "los viejos" cofrades que nos enseñaron a emocionarnos mientras nos vestimos de nazareno, a esperar desde una ventana a la Banda de la cruz de guía iniciar sus movimientos y a no querer terminar la noche en Santo Rey cuando se acaba el Miércoles Santo. Gracias.
Comentado por Jordi de Triana -FUNDACEC- en febrero 28, 2009 a 10:53am
Amigo Utrerano, es un Barrio del que se separaron muchos de sus hijos, cada Miércoles Santo vuelve a sus orígenes.
Comentado por Jordi de Triana -FUNDACEC- en febrero 28, 2009 a 10:51am
Amigo Manuel, sin el sentimiento y el toque de la emoción la Semana Santa no sería tan especial.
Comentado por Jordi de Triana -FUNDACEC- en febrero 28, 2009 a 10:50am
Amigo Marcos, en la Semana Santa de Sevilla todos somos iguales, no existe distingo entre los que nacieron en esta bendita Tierra y los que naciendo lejos de Ella acudimos a la llamada de su corazón, en mi caso para toda la vida, en el tuyo para disfrutar de su Semana Grande. Indudablemente que mejor punto de encuentro que un Miércoles Santo en San Bernardo.

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