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Una Semana Santa más,

                           una Semana Santa menos

Por: Ricardo A. Quintana M.

C

onforme pasan los días los recuerdos y la nostalgia nos invade, en nuestra mente se aglomeran recuerdos tristes y alegres llenos de inmenso fervor y devoción. Una Semana Santa más, una Semana Santa menos; ¡qué se yo!; el espíritu aunque triste no deja de avivar el fuego de la esperanza, porque dentro de pocos meses nos dejemos nuevamente  envolver por las volutas de incienso, la mística penumbra de los cirios - y en el caso de Guatemala- el olor inconfundible de la flor de corozo, el aroma de la rama de  pino y serrín de madera tenido y húmedo; que matizan como arco iris el camino por donde Nuestro Señor y su Santísima Madre transitaran, cual vía dolorosa.

 

Imágenes mentales, fijas, que furtivamente musitan una lágrima de nuestro rostro o una alegre mueca de satisfacción de nuestros labios y que son objeto de añoranza, pues en nuestra mente priva el recuerdo de momentos hermosos de espiritualidad que vivimos este año 2011 a la par de las imágenes de pasión de nuestra devoción.

 

Hoy los cartabones duermen el sueño de la Pascua a la Cuaresma y volverán a manifestarse a partir del 22 de febrero de 2012, para volver a marcar la altura de hombres, mujeres, niñas y niños, con la que se armará la  tanda o el turno; y que servirá para conformar aquellas cohortes de cucuruchos y devotas cargadoras que en largas filas de morado penitente o negro riguroso, prestos al llamado de sus hermanos o hermanas en la fe, compartirán acongojados con sus hombros el dolor del Mártir del Gólgota.

 

El desfile fue grande, la manifestación multitudinaria, y el fervor que se vivió conmovió almas y corazones al paso de tan fieles imágenes, en donde el creyente se encontró con una mirada de piedad, de consuelo y amor; en otras vivió el expresivo drama del cruel tormento o la dulce paz del sueño de la divina víctima. Bajo la mirada siempre implorante, abnegada y solidaria de aquella Madre que con corazón traspasado de dolor, asistía acompañante, entre lágrimas y sollozos al vencedor de la muerte.

 

Rezos, cantos y oraciones, flamas de viva de expresión que se mezclan, como el rocío, con gotas finas de llanto, de muchos ojos que se cubren con el velo gris de aquella niebla aromática de incienso, mirra y pon. Momento de íntima comunicación; verdad y sinceridad nacida de nuestra conciencia que se ofrenda al que por amor entrego su vida por nosotros.

 

Las aceras, parques, alamedas, balcones, ventanas y callejuelas se encuentran cubiertas de almas que se agolpan al paso del Cordero y nuestra Medianera e Intercesora, con sus manos en el pecho conmiserados piden perdón; familias, amigos y conocidos, todos año con año reunidos al pie de la cruz;  mientras el sigiloso desfile avanza en cadenciosos paso por la evocada vía del dolor.

 

Junto al flagelado su Bendita Madre, y la familia se une en un momento de sublime entrega y presentación, pues para muchos es el tiempo de envolver a los hijos en la antañona  tradición, de sentir en carne viva el fervor y, los padres con inexplicable emoción al iniciar a sus hijos, acumularan entre el baúl de sus recuerdos, aquel primer encuentro con la sacrosanta costumbre. Su primer uniforme, la primera marcha y cuadra, la imagen que de niño o niña empezó a amar, a la que  hoy, hizo formal promesa de servicio y devoción,

 

Semilla lanzada a la vera del camino para que fructíferas y eternas crezcan las filas de cucuruchos y devotas cargadoras y que por muchos siglos perdure y florezca como la buganvilia, cada vez que se aproxime la luna de Nisán  el encuentro cuaresmal de  generaciones y generaciones que la harán cada vez más grande  y perpetua por los siglos de los siglos.

 

Atabales, redobles, metales y maderas entrelazan sus acompasados murmullos describiendo, toda una pasionaria en melódico jardín de notas musicales, que describen cual poema fúnebre, el doloroso drama del calvario. Alabados musicales que recuerdan  conmovedores pasajes, rompiendo con sus trinos el silencio, confundiéndose con el canto de los pájaros y consolando la congoja del penitente.

 

Vivencia de nervios y emociones; indescriptible por sus detalles; y propia de cada quién; es la sensación que nos hace experimentar en nuestro cuerpos el participar en tan sacra procesión. Muchas veces nuestro pecho se inflama desbordado, hilvanando una lágrima o un suspiro al paso de Bien Amado. 

 

Si el cansancio no mengua el fervor, es porqué hemos estallado de júbilo recibiendo triunfalmente a Aquel, que es merecedor a todo y del cuál no somos dignos que entre en nuestra casa. Lo hemos seguido por la senda de los siete dolores de nuestra Madre Santísima, le hemos acompañado al pie de su calvario y resguardado durante el sueño de los muertos.

 

Sentimos que los pies no dan más, que nuestros hombros no alcanzan a soportar el peso de aquel madero, que cargamos como remembranza; que muestran insignias y ornamentos de pronto se hicieron más pesados; que el sol nos abraza llenándonos de sed y la lluvia inclemente no disimula su tristeza cual cascada de llanto; todos los elementos ponen su cuota para hacer nuestra participación inolvidable.

 

Muchas veces hemos empezado a portar nuestro sayal penitencial desde mucho antes que despunte el sol y lo llevamos orgullosos hasta el ocaso como sí fuera parte de nuestra piel; pero seguros que hoy de él revestidos podemos ser solidario con Cristo, puedo morir con Él y nacer a la vida eterna con su Resurrección.

 

El cirio siempre entre la oscuridad o el sol radiante titila cada vez que el oxigeno fresco se oxida en su mecha, clamando cual arrepentido con su alocado resplandecer. Rogativa es su flama, honra, honor y gloria para el Inmolado; su cera son su lágrimas y es el en sí símbolo portentoso de la luz de nuestra fe.  

 

Así, transcurren los días, de acongojado festín, matracas apresuraron su paso; así se pasa la Semana Santa, entre el vaivén de nuestros sentidos, que agudos y valorativos disfrutan de todo lo que durante esta época tocamos, olemos, miramos y degustamos; alimentando la nostalgia, ¿porqué este tiempo se nos fue sin sentir o porqué añoramos que vuelva muy pronto a repetirse?  ¡Porqué somos cucuruchos y nos cubrimos con la Sangre de Cristo!

 

La Nueva Guatemala de la Asunción, Pascua del Señor de 2011. 




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Comentado por FERNANDO MONTES MACIAS en octubre 2, 2011 a 7:26pm
Si buenas son la fotos, bueno es el articulo salido del corazon que nos ofreces.
Comentado por Emi(Angel macareno) en mayo 20, 2011 a 12:10am
Ah, las alfombras son preciosas.
Comentado por Emi(Angel macareno) en mayo 20, 2011 a 12:10am
Bueno, me quedo sin palabras al ver la hermosura de las imágenes cristíferas que tenéis. Hay un enorme paso que llevan niños ¿cómo pueden con el paso con lo enorme que es?
Comentado por Mickey en mayo 19, 2011 a 7:51pm

Muy bonito.

 

Comentado por tianera en mayo 19, 2011 a 6:22pm
bonita entrada y las fotos son verdaderamente hermosas gracias por compartirlas un abrazo
Comentado por Miguel en mayo 19, 2011 a 10:41am
Gracias por acercarnos tu tierra.
Comentado por Puentiferario en mayo 19, 2011 a 10:35am
Gracias por la entrada. He disfrutado mucho de las procesiones de Guatemala a pié de calle.

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