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Tradición de la Hermandad de los Negritos 3ª.Parte reedición

De este modo, gracias a la existencia de la Cofradía se suavizó notablemente la aspereza en que hasta entonces habían vivido los pobres esclavos. Ya a finales del siglo XV obtiene incluso cierta consideración política, puesto que los Reyes Católicos conceden a la comunidad negra el derecho de administrar justicia en las rencillas y disputas que entre ellos se suscitaran, mediante la creación de un " mayoral " o juez de los negros, que era él mismo negro también. Y este mayoral tenía además el cargo público de representar a los negros ante las autoridades de la ciudad, de tal suerte, que podía entablar con fuerza legal, querellas contra los dueños que hiciensen mal uso de sus esclavos.
Uno de esto mayorales fue el famoso Juan de Valladolid, negro que había sido portero de cámara de la corte de Isabel la Católica, y que erigido en representanre de los negros, ejerció su cargo con tal dignidad, y consiguió de la reina tal apoyo, que mereció con justicia que se le considerase, se le respetase y aun se le temiese tanto como a cualquiera de los aristócratas de la Corte llamándesele el conde Negro, y, con tal sobre nombre ha pasado a la historia y aún se conserva dicho nombre en una de las calles aledañas a la actual capilla de los Negritos en nuestra ciudad.

Ya ha mediados del siglo XVI la Hermanda de los Negritos tomó definitivamente perfil en cuanto a su constitución orgánica, al tomar como advocación de la Virgen para su patronazgo de la de Nuestra Señora de los Ágeles y al ser aprobadas por la autoridad eclesiástica las reglas de la Hermandad el 17 de junio de 1554. Sin embargo, aún le faltaba lo principal que era una capilla independiente, tanto más, que con motivo de la reducción de hospitales, al desapaercer éstos, por haberse creado el grandioso " Hospital de las Cinco Llagas " ( hoy cede del Parlamento Andaluz ), desapareció el fundado por don Gozalo de Mena, quedadndo sin domicilio la Hermandad. Vino a remediar esta dificultad la donación hecha por don Juan de Vargas y Sotomayor, donde se contruyó la capilla que actualmente se conserva y sirve como sede de la Hermandad.

En el año 1653 ocurrió el asombroso episodio que ha dado verdadera fama a la Cofradía de los Negritos. Dabatíase entonces la cuestión teológica del dogma de la Inmaculada, aún no definido por la iglesia, pero aceptado como creencia firmísima por Sevilla, que fue la primera ciuda de España en formular el voto de defender la Inmaculda Concepción como punto dogmático.

Las Hermandades sevillanas y las corporaciones eclesiásticas y Cabildos, acordaron costear dicho año cultos solemnes en honor de la Limpia y Pura Concepción de María, y la Hermandad de los Negritos no quería dejar de hacerlo con tanta devoción como la que más. Sin embargo había el ostáculo insuperable de la falta de medios económicos, lo que produjo entre los negros cofrades la mayor aflicción. Siendo como eran gente menesterosa, no pudieron recaudar entre ellos el dinero necesario y en aquellos momentos la Hermandad que había realizado gastos para atender a otras necesidades, no tanía un solo maravedí en caja.

Pero lo que faltaba de caudal suplíalo con creces el acendrado amor a la Virgen que rebosaba la Hermanda y así ocurrióse a los dos principales cofrades, que se llamaban Fernado de Molina, Hermano Mayor, y Pedro Francisco Moreno, Alcalde de la Cofradía, un sorprendente y heróico arbitrio para llegar recursos.

Al día siguiente de haberse celebrado el Cabildo en que se acordó diputar a ambos para organizar los cultos en honor de la Virgen, el pueblo de Sevilla presenció estupefacto, como aquellos directivos de la Hermanda, que aun siendo negros eran ciudadanos de condición libre, procuraban venderse como esclavos para con el dinero que les valiera su libertad, pagar la función solemne que había de celebrarse en la capilla de la fundación en honor de Nuestra Señora Inmaculada. Se sabe con precisión el lugar donde ocurrió la venta. Fue en la calle Manteros, en la acera izquierda, tal como se va desde la Capilla de San José hacia la Plaza de San Francisco. Lugar de mucho tránsito, punto de reunión de muchos tratante de ganado, corredore de grano, mercaderes y vendedores de fincas, etc.

La presencia de los dos negros, decentemente vestidos a voces que voluntariamente se vendían como esclavos, debió causar escalofriante impresión entre los sevillanos que los escuchaban. Tanto, que conmovidos por aquel impresionate rasgo de devoción mariana, los espectadores del suceso se apresuraron a comprar ambos negros, devolviendoles luego su libertad, con lo que ambos pudieron volverse a la capilla de la Hermandad llevando el producto de la venta, con que se costearon los solemnísimos actos religiosos, que superaron en esplendor a cuantos hicieron las demás Hermandades de la ciuda aquel año.

Sin embargo, ellos no aceptaron por entero aquella libertad que se les devolvía, sino que reconociédose desde entonces como esclavos de la Vigen, dedicaron totalmente su vida al servicio de la Hermandad, llevando un grillete al cuello en señal de servidumbre, renunciando a sus nombres y apellidos de ciudadanos libres para tomar otro más sencillos y propios de esclavos, de la Cruz, viviendo en la inmediación de la capilla donde moraba su Dueña y Señora, La Virgen de los ágeles.

En memoria de tal acontecimiento, se erigió en la calle de Manteros una cruz de piedra que durante dos siglos justos permaneció en el lugar donde los dos cofrades se vendieron. La cruz desapareció exactamente en 1753, en que se quitó con otras muchas que adornaban piadosamente calles y plazas de la ciudad de Sevilla.

FIN

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