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Las sábanas, como la memoria, no han perdido el olor. Pareciera que hasta el blanco de las paredes luzca el luto, pues ni el mismo color parece. La vieja habitación, que podría decirse hecha del cemento de tus años, de la sabiduría de tus manos, conserva la esencia de lo que fueron tus ratos de ocio, de tu alada distracción prendida al plumaje de los pajarillos que con tanto tesón cuidabas. Y el viejo cajón, dónde dormitan recias y antiguas herramientas que delatan la huella de tus dedos. Las cañas que tantas veces se reflejaron en el Guadalquivir, los sedales que tantos peces vieron, como si hubieras nacido con el don de atraparlos. Las decenas de anzuelos, los mismos que tantas veces tuviste entre manos esperando un nuevo rato de pesca, los mismos que incluso algún que otro rato amargo te dieron.
El rincón de tu cuarto junto al espejo, bajo el cuadro de plata, dónde tantas veces te cogí la mano y te dije que descansaras para ponerte bueno, sabiendo que cada vez la hora quedaba menos lejana, donde mismo te abracé mientras luchaba por verte entre lágrimas… El lugar más triste dónde te recuerdo, y a la vez el lugar donde más experiencias compartimos. El anticuado sofá, que tantas veces me vio reír contigo, donde cada Nochebuena Papá Noel dejaba los regalos que tú, con mal disimulado orgullo, mirabas al verlos entre mis manos. El regio mueble, el mismo que cobija ese televisor dónde mil veces vimos los dvd’s que tú habías comprado, el mismo televisor dónde vi a tu lado la práctica totalidad de hermandades que forman la Semana Santa. El mismo que me hizo reír al ver los quebraderos de cabeza que te daba: “es que el tdt…” Parece que te estoy escuchando, no te enterabas ni a la de tres, viejo.
La postal de la Esperanza en el marco de la puerta, la misma puerta que me trae a la memoria cada vez que la veo -nunca falla- aquel día en que yo estaba sentado en el sofá y tú abriste la puerta. Juro que si cierro los ojos soy capaz de recrear a la perfección aquel día, la forma en que subiste el escalón, el sonido que hicieron las llaves, la forma en que me saludaste, la sonrisa en tu cara, tu ropa, tus zapatillas, el periódico en tu mano, la luz en tus ojos, tu forma de venir hacía mí, incluso la humedad del beso en mi mejilla. La mesa, dónde pasábamos horas y horas jugando al dominó, años más tarde al tute… La cama “del cuarto chico”, dónde ahora duermo cuando acompaño a la abuela y que sencillamente me encanta… me recuerda a la mañana que me despertaste hace ya muchos años para ir al Corpus.
Y la silla. Tu silla. La misma en la que estoy sentado ahora. La misma que forma parte del recuerdo más repetido que tengo de ti. Y es que esa instantánea se repetía siempre… si al entrar no estabas en el salón, el único lugar en el que estarías sería junto a tus pájaros. Pero eso era la minoría de las veces. Porque la mayoría de veces, como ya he dicho, estabas en tu silla. En esta silla. Sentado, viendo la tele, con El Correo sobre la mesa y la mano apoyada sobre el mando de la tele. Y siempre, justo al entrar, apartabas la vista de la televisión y me mirabas, sonreías y me saludabas diciendo “eeeeey…”
Suena tan estúpido así escrito… pero en tu voz sonaba maravilloso. Jamás en mi vida te lo oí decir sin que me arrancaras una sonrisa, porque es que tus ojos al saludarme eran pura alegría, pura felicidad, puro amor.
¿Sabes, abuelo? Cuando estabas aquí, todo era normal. Para mí era un simple piso, la casa de mis abuelos y ya está. Has tenido que marcharte para darme cuenta de que hay tantos recuerdos tuyos como oxígeno en el aire. A cada paso hay algo que me inunda la mente, ya sea bueno o malo, pero me resulta increíble darme cuenta de cuantísimos rincones has impregnado con tu presencia. Pero éste siempre me resultará especial, porque aún teniendo miles de recuerdos tuyos, ésta es tu silla… lo será siempre. Y es fantástico ver como, aún sin estar aquí, cuando soy yo quien la ocupa, me siento más tú que nunca. Al sentarme y cerrar los ojos, respiro tu olor, noto tu presencia, lo malo se aleja… y es cuestión de segundos que sonría o estalle en carcajadas al recordar tus historias, tus chistes sin gracia que tus sonrisas hacían divertidos, tus mejores momentos, tu ser y tu esencia, tu persona, tu vida.

Te voy a querer toda la vida


Sergio Rovayo

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Comentado por Cruces de Pasión en octubre 18, 2010 a 10:43pm
gracias por compartir este blog,saludos.
Comentado por escolta cofrade y MARTA DEL CAST en octubre 18, 2010 a 7:05pm
PRECIOSO RELATO DE AÑORANZA HACIA TU ABUELO, PERO NO TE PREOCUPES EL POR FUERZA TIENE QUE ESTAR A TU LADO, PUES TANTO AMOR NO PUEDE DESHACER ESA UNION QUE TENEIS, ENHORABUENA AMIGO, COMO YA TE DIJE UNA VEZ, NO CAMBIES.
Comentado por tianera en octubre 18, 2010 a 6:39pm
srgio como siempre bordas tus sentimientos echos escritura
un abrazo
Comentado por Esperanzo en octubre 18, 2010 a 6:30pm
Tus blogs hablan de ti y personalmente me dicen que eres muy grande!
Yo perdí a mi último abuelo hace unos meses...el recuerdo es lo que queda hermano y ten por seguro que tu abuelo está en todo esto que describes y seguro que estará orgulloso de ti. un abrazo!
Comentado por Faty en octubre 18, 2010 a 6:11pm
¡¡OLE,OLE,Y OLE!!.Ese es el Sergio que conocí x sus blogs.Agradecerte de nuevo encontrar palabras,sentimientos tuyos,encontrarte de nuevo x aquí ha sido volver a impregnar tus palabras llenas de sentir.Sé que es duro,duele mucho la ausencia,pero veo que eres capaz de seguir aprovechando todos esos momentos vividos juntos,todo lo que te enseñó,sigues sintiéndolo vivo,como siempre estará en ti.
Las fechas más señaladas es cuando echamos de menos a los seres que nos faltan,pero no te preocupes Sergio,ellos saben la manera de llegar a nosotros,de seguir compartiendo todos los momentos juntos,sobre todo llegan con tanta fuerzas que llegamos a sentirlos como bien dices,su aroma,su beso incluso ese abrazo que necesitamos,el calor de ese cariño ese consuelo que nos falta,te aseguro que es así.
De nuevo un 10 se keda corto para puntuar tu blog,no encuentro puntos para calificar,si para agradecer contar como amigo con una persona tan entrañable como tú.Recibe un gran abrazo.
Comentado por Azahar de San Gonzalo en octubre 18, 2010 a 5:09pm
Secándome las lágrimas estoy, hermano. Cada día me sorprendes más. Qué facilidad tienes para hacer que la ausencia sea un poco más llevadera. Eres un aténtico genio de la palabra. Sigue así y no cambies nunca. Un besazo enorme, hermano.
Comentado por trompeta-sangre en octubre 18, 2010 a 11:13am
Entiendo perfectamente tus sentimientos, perdí a mi amado abuelo hace ya dos años justo antes de mi boda y lo sigo sintiendo muy cerca, no lo olvides nunca, esa es la verdadera inmortalidad dejar tu recuerdo y tu legado en la gente que amas.
Un beso.
Comentado por MARIA en octubre 18, 2010 a 9:41am
Hola Sergio de nuevo me has emocionado con tus palabras y esos recuerdos tan bonitos que guardas de tu abuelo,a mi me pasa lo mismo con mi abuela que hace 15 años que se fue pero yo la recuerdo cada dia.
Gracias de nuevo
Comentado por carmen castillo espino en octubre 18, 2010 a 9:06am
HOLA SERGIO,ES LA PRIMERA VEZ QUE HAGO UN COMENTARIO AQUÍ, PERO ME HA PARECIDO QUE TE MERECIAS, POR LO MENOS UN "OLE TU " POR TENER ESOS SENTIMIENTOS TAN NOBLES, ME HAS HECHO RECORDAR A PERSONAS QUE YA NO ESTAN CONMIGO Y TE DOY LAS GRACIAS, TE SEGUIRE LEYENDO, LO HACES MUY BIEN, GRACIAS Y GRACIAS.
Comentado por Alberto Diago Santos en octubre 18, 2010 a 2:57am
ERES EL MEJOR eres realmente grande que Dios te siga iluminando

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