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En Abril de 1917, el Insigne Maestro JOSÉ FONT Y DE ANTA, publicó un artículo en el Álbum-revista musical MÚSICA, titulado “DE LA EDUCACIÓN DEL GUSTO MUSICAL”, en el mismo, ponía de manifiesto las modernas composiciones de ese tiempo y las complicaciones que surgían en los intérpretes de la época para llevarlas a buen fin.

Hablaba de las carencias musicales de los mismos, de la escasa formación musical de la mayor parte de ellos, y la imposición del virtuosismo y de las filigranas en las mismas, a veces innecesarias que, no eran del agrado de aquellos de gustos más clásicos y menos renovadores.

La solución al problema, según este artículo es la educación del gusto musical, basado en la repetición de audiciones, donde avanzar en cada una de ellas, aprehendiendo los matices, descifrando el verdadero cariz de la composición, poco a poco, compás a compás.

Actualmente, asistimos a una repetición del problema, nuevos autores, nuevas modas, los avances en la informática, han llevado a que músicos no profesionales, se atrevan a llevar a cabo obras, que en algunos caso dan como resultado composiciones para la historia, pero la mayoría, son obras carentes de estética y calidad, musicalmente hablando, que se olvidarán en sólo unos años, y no serán interpretadas por casi nadie, solamente por la agrupación o banda dónde surgió. Creemos, que todo vale, que todo es bueno, pero el público es al final el que pone a cada uno en su lugar, y ensalzará a unos y hundirá al resto.

En septiembre de 2007, durante el ciclo de conferencias programadas en el XXV Aniversario fundacional de la cofradía de La Estrella, en la capital cordobesa, Mateo Olaya, en su conferencia “LA INFLUENCIA DE LA ESTRELLA EN EL PANORAMA MUSICAL DE LA SEMANA SANTA DE CÓRDOBA “ y en el debate posterior, surgió la problemática de las composiciones del panorama actual, de una parte buscando el virtuosismo y la música por la música, y de otra rebosante de técnica y saber hacer, como dos partes de la misma moneda, en los compositores actuales.

Si unimos, lo anterior, con las deficiencias y carencias de la mayoría de las Agrupaciones actuales, formadas por músicos aficionados, con escasa formación, donde se toca casi de oído, y muchas veces incluso sin partituras, y ante la imposibilidad en muchas ocasiones de mejorar esta formación musical de forma reglada, es decir, sólo mejorable con la práctica y la experiencia, dibujamos un escenario dónde las grandes agrupaciones, proponen nuevas composiciones, cada vez más virtuosas, y el resto las sigue, con mejor o peor acierto.

Olvidando en muchos casos afinación, armonización o incluso melodiosidad, y acometiendo marchas por encima de sus posibilidades, donde cualquiera con un poco de oficio, vería sin más problemas, las verdaderas carencias de la agrupación, como demasiadas veces sucede.

Así pues, creemos que Font de Anta, nos dejó una buena solución, la educación del gusto musical, como recurso ante la imposibilidad de mejorar a corto plazo la formación musical, educando el oído, al que tanto recurrimos, para así, paliar en la medida de lo posible las carencias puestas de manifiesto.

>... Es sorprendente lo rápido del progreso en una persona que oiga buena música con frecuencia. Al principio se opera una confusión muy desagradable en quienes escuchan sin la debida preparación obras modernas. Un oído inculto no acierta siquiera a descubrir las ideas de la obra por muy sencilla que ésta sea; la línea melódica se le pierde en el tejido de los contrapuntos y aún en de la misma armonía; los desarrollos se le presentan como nuevas ideas; la misma trama orquestal si se trata de una pieza sinfónica, lo desconcierta, a causa de la diversidad de los timbres; la obra se le aparece como un caos. Pero si la persona que posee un oído inculto, con buena voluntad repite las audiciones de aquella misma música que lo desconcertó empezará poco a poco a notar cómo la incógnita se le descubre, como sin comprender el porqué del fenómeno, lo que antes le pareció confuso e impenetrable, ahora comienza a deleitarle. Porque es un don de la buena música el que cuanto más se oiga, más se aprecie y más conmueva. Por el contrario, la mala, si gustó en un principio, cansa pronto aún a los oídos menos educados... José Font y de Anta, 1917.

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Comentado por Siervo_de_Maria en septiembre 6, 2010 a 1:09am
Amen.

Lo que pasa que hoy manda el aplasometro mas que el gusto musical en cuanto a composiciones.

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