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Entremos en situación. Año 2006, extraordinaria del Señor de las Penas de Triana, todo el barrio de Triana de fiesta, una de sus Imágenes más queridas salía a las calles. Me desplacé a Sevilla para presenciar por primera vez un paso, ya que como sabéis en Málaga (y si no lo sabíais lo aclaro), de donde provengo, no existen los pasos sino los tronos, y difieren en todo: en forma de cargar, en su morfología y en su manera de andar. Estaba emocionado, el paso de misterio era más grande de lo que cabía esperar, y sobre todo, muy alto. Entre tantas emociones, justo a las seis de la tarde, fuimos a una capilla recoleta situada en una calle muy larga, que me dijeron que se llamaba Pureza. Así pues, la Capilla de los Marineros y sus lonas de entrada me permitieron el paso hacia su interior. Al fondo, vi una Virgen morena y guapa, la Esperanza, y en una capilla lateral situada a la izquierda de la nave (por aquel entonces era una única nave) me encontré con Él... el Santísimo Cristo de las Tres Caídas. Antes había visto vídeos sobre Él, vi fotos, pero cuando lo vi en persona, me quedé hipnotizado, cuajado... petrificado, ante una mirada que me ofrecía calma, cariño y comprensión... A partir de ese instante y de ese día, no pude escapar de la devoción y cariño que crecía a la par de los años por esta Imagen, ninguna talla me había inspirado tanta devoción como mi Cautivo, trinitario y malagueño, que siempre me ha acompañado desde mi nacimiento, y que mi familia y mi barrio de la Trinidad me han sabido inculcar la devoción y cariño hacia el Hombre de la Túnica Blanca. Era difícil que me pasara con otra talla, pero el Vecino más antiguo de la Calle Pureza me reclamó desde ese primer instante que lo vi.

Pasaron los años, el tiempo hacía sus estragos, mi Cristo Caído seguía en Triana y realizando su anual Estación de Penitencia a la Catedral Metropolitana de Sevilla y a la Parroquia de la Señora Santa Ana, y yo seguía en Málaga clavado cada Semana Santa y cada Jueves Santo, no podía desprenderme de una jornada tan espléndida, mi hábito nazareno en una hermandad malacitana me impedía cumplir mi sueño, tanto era así que cuando llegaban las seis de la mañana y escuchaba por la radio al Señor de la Salud y la Virgen de las Angustias en Campana, algo en mí había que no funcionaba... mis ganas por estar en la noche mágica de la Madrugá eran mutiladas por vestir un atuendo que por tradición cada Jueves Santo vestía, pero que realmente no lo sentía tan profundo como cuando visto mi hábito nazareno del Cautivo en el Lunes Santo malacitano.

Mientras pasaban todas las Semanas Santas desde aquel año 2006, cada vez que podía ir a Sevilla lo visitaba a Él y a su Madre en su bendita capilla, recuerdo que de cada viaje me traía una foto, una figura, una estampa, una medalla... todo lo que me hiciera que lo pudiera recordar.

Así pasó un año tras otro, en 2010 hice el intento de ir que se quedó frustrado, nadie iría conmigo, y no tenía el suficiente "valor" como para ir sin nadie a cumplir mi sueño. Siempre me repetía año tras año, antes de irme de este mundo, tengo que ver la Madrugá y verlo a Él sobre su paso de misterio con el romano y el Caballo indicándole el camino...

Hasta que por fin, en este glorioso año 2014, decidí valientemente apostar por abandonar el hábito del Jueves Santo, que vestía con más tradición que sentimiento, y coger el camino a Sevilla un jueves 17 de abril. Llegué a Sevilla a las 10 de la noche, y nada más bajar por Escuelas Pías, me encuentro con el palio de la Virgen de Lágrimas de la hermandad de la Exaltación, el primer palio sevillano que veía andar en mi vida. Tras ésto, bajé hacia San Pedro y vi otra Cruz de Guía... ¡Montesión! Me encajé en Sales y Ferré para ver al Señor de la Oración en el Huerto, y a su Madre del Rosario la vi un poco más atrás. Tras esto, busqué a una de las hermandades más queridas por mí de toda Andalucía, el Valle, buscaba el consuelo de su Dolorosa tan dulce, y así en Tetuán vi la hermandad entera, y ya concluí el Jueves Santo con el Señor de Pasión en Francos.

Me esperaba una noche larga... que comencé en calle Feria con la Macarena en todo su esplendor y grandeza (quedé plantado en el Omnium Sanctorum dos horas sin exagerar, pero desde luego mereció la pena ver al Señor de la Sentencia y luego a la Esperanza Macarena, maravillosa, majestuosa), tras esto, al Salvador a ver a los Primitivos Nazarenos de Sevilla, a la Santa Cruz de Jerusalén, a Jesús Nazareno y la Virgen de la Concepción... sublime momento el que viví, impresionante el orden y la seriedad de sus nazarenos de negro, sus altos cirios al cuadril... luego a Santa Ángela de la Cruz que me fui a ver al Señor de la Salud, siendo testigo de unos de los momentos mágicos de la noche, el paso y la parada del Señor ante las monjas de la Cruz, a la Virgen de las Angustias la tuve que pillar más atrás, en Doña María Coronel.

Tras esto, tuve que sortear aún no sé cómo las calles que estaban llenas de gente para ir a la zona del Museo, no sin antes contemplar a mi Señor de las Tres Caídas revirando a Sierpes en plena Campana... ¡lo estaba viendo tras las sillas de la Campana en plena calle Laraña! Mi corazón no cabía en mi pecho, mis emociones subían hacia lo más alto, y me salió un "¡¡¡ole, ole, olee!!!" desde lo más profundo de mi alma que no pude ni quise esconder... así pues se fue, pero todavía me esperaría lo mejor al final...

Llego a la iglesia de San Vicente y me topo con la cruz de guía del Gran Poder, no sin antes perderme un poco por esa zona (tenía todo el centro de Sevilla dominado y estudiado milimétricamente menos esa zona...), vi al Señor de Sevilla en calle San Vicente, sorprendido por la marcialidad y tenebrosidad del cortejo nazareno, y por esos golpes que daban los dipuutados de tramo con sus cetros o varas cortas, que mandaban andar o parar, y sobre todo por Él, que no deja a nadie indiferente. La Virgen del Mayor Dolor y Traspaso la vi justo en Pedro del Toro, aunque de espaldas, quizás fue el momento que me dejó un sabor agridulce, no poder verla en todo su esplendor pasar frente a mí. Luego continué presto hacia Zaragoza, y Castelar, y vi el sorprendente y luptuoso cortejo nazareno de la hermandad del Calvario, al Cristo del Calvario y a la Virgen de Presentación, una de mis favoritas de la ciudad hispalense.

Y por fin... llego a calle Arfe, el camino fue largo pero llegué al destino. Cuando vi la cruz de guía de la hermandad de la Esperanza de Triana... mi corazón dio un vuelco, por fin estaba ante el momento culmen de la noche, y quizás, de toda esta pasada Semana Santa. Vi pasar muchos nazarenos morados sí, pero merecía la pena recrearme en las insignias, en los hábitos nazarenos... en todo detalle, por minucioso que fuese.

Fue amaneciendo en Arfe, y a lo lejos por el pasaje, vi aparecer a mi Cristo trianero por el Arco del Postigo a los sones de su banda. Así venía... a sones de Silencio. Luego tras la revira arrió, y volvió a levantarse y caminando con la marcha Santa Cruz es como vino hacia donde yo estaba posicionado. Tres metros, dos metros, un metro... ¡por fin estaba ante mí! No lo podía creer... era Él, el que durante tantos años reclamaba mi presencia a su lado en la Madrugá, y yo no lo quería ver por las ataduras, y en ese momento de libertad, le miré a los ojos, le eché unas fotos, y quise que ese momento permaneciese en mi memoria para siempre. Padre mío, Cristo de las Tres Caídas, por fin tu paso majestuoso pasaba frente a mí, vi tu baile tan singular y maravilloso que tus costaleros te imprimen... y así fue como pasó de largo y arrió unos metros más "alante" y tras la levantá sonó una de mis marchas preferidas, Al Señor del Compás.

Tras esto, casi terminó el sueño, pero antes quedaba ver a su Madre. Sí, la Esperanza, por la que hasta entonces no sentía tanto como por su Hijo (además no niego que no suelo ser muy mariano), pero cuando tras ver pasar las secciones de nazarenos verdes del palio, la vi a Ella, en su paso de palio... y mi percepción cambió.

Por desgracia, hubo un momento que tuve que pasar por el Postigo para buscar a la Señora ya que tenía un tiempo limitado (si no, perdería mi tren), y digo "por desgracia" ya que en ese momento me hubiera gustado verla en el mismo sitio en el que estaba, así pues la vi en Almirantazgo. Tras un rayo de sol apareció Ella, nunca la había visto tan bonita, su andar con tanto arte y salero, sus esquinas llenas de flores, su retranqueo "palante y patrás", su majestuosidad, su cara morena, y su sublime belleza, llenaron mi alma e hicieron que el final del sueño fuese más dulce. A partir de ese momento empecé a sentir algo muy especial por la Virgen de la Esperanza, la imagen mariana más guapa que yo he visto hasta la fecha. En ese momento tuve que decir adiós a la Madrugá, y a Sevilla, no sin antes verla marchar tan bonita con los rayos del Sol dándole en el manto y en el palio... y ver por última vez al palio de la Virgen de las Angustias por la Avenida de la Constitución camino a la Catedral.

Ya sí que sí, fue el fin del sueño de la Madrugá de 2014, tras la cual decidí hacerme hermano de la Esperanza de Triana, por amor y cariño a la Esperanza, y a su Hijo el Santísimo Cristo de las Tres Caídas, aquel que me reclamaba cada madrugada de Viernes Santo desde hace ocho años... aún estoy a la espera de jurar como hermano, y este año que entra escribiré un nuevo capítulo como nazareno del tramo de Cristo en la hermandad, por fin vestiré de morado, como tantas veces había soñado... 

Solo me queda agradecerles a Ellos lo mucho que me han dado y que me darán, aunque no es que mis logros y cosas positivas que tengo y alcanzaré en mi vida dependan de ellos, eso es cosa mía y de nadie más, pero Ellos me apooyan cuando necesito ayuda, me dan ánimos para perseguir mis objetivos y conseguirlos, por lo tanto la fuerza que saco en momentos buenos y no tan buenos se la debo en parte al Santísimo Cristo de las Tres Caídas, a Nuestra Señora de la Esperanza, y también a Nuestro Padre Jesús Cautivo, que siempre ha estado a mi lado desde pequeño.

Muy pronto nos volveremos a ver, quizás para el besamanos no pueda estar junto a ti Madre mía, y no podré postrarme ante ti Señor Caído, pero quién sabe... quizás hay algo mejor que está por venir...

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